Embarazo: semanas 5-8

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Bichito mide ahora mismo lo que una semilla de sésamo.

Tú probablemente no te notes nada todavía. Te debes seguir viendo igual de fabulosa con tu ropa de siempre.

Aunque algunas mujeres, sobretodo si son segundos embarazos, puedan sufrir rampas y calambrazos (aquí el único consejo que puedo daros es que intentéis hidrataros mucho; también dicen que un plátano en ayunas funciona), yo me he encontrado perfectamente bastante bien. En mi caso, el único síntoma ha sido un sueño extremo. Y cuando digo extremo es que me pasaría el día sobando.

El resto de síntomas que podéis estar notando son los que os puse aquí.

Probablemente entre esta semana y la siguiente vais a tener vuestra primera visita al ginecólogo. Básicamente te hará una ecografía para confirmar que estás embarazada. Y, si te topas con un talibán como la primera a la que fui yo, te prohibirá un listado de cosas: ni sushi, ni carpaccios, ni tártaros, ni carne poco hecha, ni embutidos, ni tabaco, ni alcohol, ni jardinería sin guantes y mascarilla (sí, en serio), ni gatos, ni perros.  La segunda me dejó comer sushi de nuestro restaurante de confianza, beber una copa de vino de vez en cuando, comer embutido previamente congelado y no mencionó para nada la jardinería. También te encargarán un análisis de sangre y otro de orina, aunque hay ginecólogos que no lo piden hasta más adelante.

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Bichito va creciendo. Se le empiezan a formar la nariz, las orejas y la boca.

Probablemente hayas notado que durante la noche te tienes que levantar a hacer pis cuando antes dormías el tirón sin problemas. Gajes del oficio.

También puede ser que hayas experimentado cambios de humor o que ciertos alimentos te provoquen repulsión o te apetezcan mucho. Todo esto es normal.

En este punto, puede que te hayas engordado un poco pero también que hayas perdido peso. Si no es nada demasiado drástico, ni te preocupes.

En mi caso, a parte de muchísimo sueño, también me levanté a hacer pis por la noche. No tuve ningún antojo pero sí cogí un asco horroroso a las pipas (las ponía en las ensaladas y durante el embarazo no podía ni olerlas).

¡Oh, sí! Esto no os lo había comentado: ni un solo medicamento que no sea simple paracetamol (a no ser que te lo prescriba el ginecólogo). Y cuando digo ni uno es cero, ninguno, nothing at all. ¿Si vas estreñida (otro síntoma habitual)? Te jodes y te atiborras a kiwis que son laxantes. ¿Que tienes migrañas (como yo)? Pues paracetamol, oscuridad y silencio. ¿Que te da una alergia infernal (tener la nariz taponada o picores de piel también es normal)? Pues cargamento de kleenex o aloe vera, pero nada de antihistamínicos ni cortisona.

La verdad es que yo no me puedo quejar. Me encontré muy bien. A parte del sueño y unos gases incontrolables no tuve ningún otro síntoma chungo molesto. Sabía que todavía no podía cantar victoria (un 75% de las embarazadas tienen molestias el primer trimestre). Pero de momento: ¡¡Ueeee!!

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Bichito poco a poco crece hasta medir lo que un garbanzo. Se le están formando el corazón y los pulmones.

Puede que tengas mucha más sensibilidad olfativa; pero también puede que no. También puede que te notes más hinchada de lo que realmente estás, a mi me pasó, me sentía como un pez globo.

Si sufres morning sikness, y que conste que esto se puede sufrir en cualquier momento del día, verás como de pronto todo el mundo es experto en el tema y todos tienen remedios para solucionarlo. Hasta la prima del carnicero. Tienes permiso para ignorarlos a todos. Cada mujer es un mundo y no todas sentimos las mismas cosas durante el embarazo ni nos funcionan los mismos trucos. Aún así, aquí van unos cuantos (que también tienes permiso para ignorar completamente):

  • Tener siempre galletas en la mesilla de noche y comer alguna antes de levantarte (dicen que las tipo crackers van bien).
  • Intentar comer poco y a menudo: cada dos horas y media más o menos.
  • También dicen que el ginger ale y los baños calientes son buenos aliados.

No os puedo dar mucha información acerca de si funcionan o no porque yo tuve suerte y no sufrí ni mareos ni náuseas.

¡Ah, sí! Otra cosa que descubrí navegando por la red. No sé si os dije que siempre he sufrido de migrañas y que uno de mis mayores miedos cuando me quedé embarazada era saber qué puñetas hacer si me cogía un episodio ya que mis medicamentos habituales ya no me los podía tomar. Pues bien. Migraña. Sí. Cuatro días seguidos y entre ellos una noche de horror. Dos paracetamoles seguidos a las tres de la madrugada. Pam, pam. Pues bien, no sé si vuestro ginecólogo es tan talibán como mi primera, que me dijo que intentase no consumir cafeína. Pero si es así, ni caso. En serio. Lo único que necesitáis es moderación. Es decir, no os metáis cinco cafés al día, pero si os apetece el mañanero no pasa nada. Y quien dice café, dice Coca-cola. Que sí, vale, yo siempre he sido un poco adicta, pero fue volver a tomar café y alguna Coca-cola y… bye bye migraña. Resulta que lo que me pasaba era que necesitaba un poco tenía mono de cafeína. Aunque puede que a vosotras no os funcione… esto nunca se sabe.

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Debes estar bastante agotada, y probablemente meando cada dos por tres. Hasta puede que tengas problemas para dormir aunque andes exhausta.

¡Ah, sí! Permitídme presentados a vuestro nervio ciático. No todas, pero algunas mujeres son propensas a tener dolor ciático durante el embarazo; esto es porque el útero al expandirse presiona el nervio. Algunas sólo lo notan de vez en cuando o en determinados momentos. A mi me pasaba a menudo (pasarme más de diez minutos echada en la toalla en la playa era un putoinfierno). No puedes hacer mucho: intentar dormir de lado con un cojín entre las piernas (el de lactancia es una bendición), no cruzar las piernas, mover la pelvis adelante y atrás o en círculos, o visitar a un fisio especializado en embarazo (yo tuve que recurrir a eso los últimos meses).

A estas alturas ya tendrías que haber visitado al ginecólogo o tendrías que estar a punto de hacerlo. Yo tuve una peregrinación interminable. Resulta que mi ginecólogo de toda la vida, la talibán (este mote se lo puso Amore que flipaba con las prohibiciones que me imponía), no atendía el parto en la clínica dónde lo tenía cubierto por la mutua. Total, que me busqué otra que sí lo hacía. Pero como estábamos en época de vacaciones cada mes me visitaba un ginecólogo distinto.

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